viernes, 16 de octubre de 2009
miércoles, 26 de agosto de 2009
Perspectiva III
El otro día estuve reflexionando cómo hace apenas unas cuantas generaciones habría sido imposible imaginar tanto los fascinantes avances en la ciencia y la tecnología, así como la presente evolución ética y social que hoy día mayormente disfrutamos.
Claro, qué tanto algunas cosas son realmente mejores podría ser discutido ampliamente, pero mi interés en el asunto es cómo hubiera sido practicamente imposible imaginar entonces muchas cosas que hoy son una realidad plena y cotidiana y cómo a la vez, hoy día para la mayoría nos es practicamente imposible imaginar los avances tecnológicos y sociales que las futuras generaciones disfrutarán de aquí a 200 años. Esto asumiendo claro que la humanidad continuara avanzando al menos a marchas forzadas de aquí a entonces, y de nuevo, tomando en cuenta qué vendría significando "avanzar" para cada quien en realidad.
Pero intentando proyectar nuestra imaginación al máximo:
¿Es posible imaginar qué avances tecnológicos y sociales inéditos podría disfrutar la humanidad de aquí a 200 años?
Claro, qué tanto algunas cosas son realmente mejores podría ser discutido ampliamente, pero mi interés en el asunto es cómo hubiera sido practicamente imposible imaginar entonces muchas cosas que hoy son una realidad plena y cotidiana y cómo a la vez, hoy día para la mayoría nos es practicamente imposible imaginar los avances tecnológicos y sociales que las futuras generaciones disfrutarán de aquí a 200 años. Esto asumiendo claro que la humanidad continuara avanzando al menos a marchas forzadas de aquí a entonces, y de nuevo, tomando en cuenta qué vendría significando "avanzar" para cada quien en realidad.
Pero intentando proyectar nuestra imaginación al máximo:
¿Es posible imaginar qué avances tecnológicos y sociales inéditos podría disfrutar la humanidad de aquí a 200 años?
martes, 10 de marzo de 2009
Todas las personas interesadas en que el camello pase por el ojo de la aguja...
...deben inscribir su nombre en la lista de patrocinadores del experimento Niklaus.
Desprendido de un grupo de sabios mortíferos, de esos que manipulan el uranio, el cobalto y el hidrógeno, Arpad Niklaus deriva sus investigaciones actuales a un fin caritativo y radicalmente humanitario: la salvación del alma de los ricos. Propone un plan científico para desintegrar un camello y hacerlo que pase en chorro de electrones por el ojo de una aguja. Un aparato receptor (muy semejante en principio a la pantalla de televisión) organizará los electrones en átomos, los átomos en moléculas y las moléculas en células, reconstruyendo inmediatamente el camello según su esquema primitivo. Niklaus ya logró cambiar de sitio, sin tocarla, una gota de agua pesada. También ha podido evaluar, hasta donde lo permite la discreción de la materia, la energía cuántica que dispara una pezuña de camello. Nos parece inútil abrumar aquí al lector con esa cifra astronómica.
La única dificultad seria en que tropieza el profesor Niklaus es la carencia de una planta atómica propia. Tales instalaciones, extensas como ciudades, son increíblemente caras. Pero un comité especial se ocupa ya en solventar el problema económico mediante una colecta universal. Las primeras aportaciones, todavía un poco tímidas, sirven para costear la edición de millares de folletos, bonos y prospectos explicativos, así como para asegurar al profesor Niklaus el modesto salario que le permite proseguir sus cálculos e investigaciones teóricas, en tanto se edifican los inmensos laboratorios.
En la hora presente, el comité sólo cuenta con el camello y la aguja. Como las sociedades protectoras de animales aprueban el proyecto, que es inofensivo y hasta saludable para cualquier camello (Niklaus habla de una probable regeneración de todas las células), los parques zoológicos del país han ofrecido una verdadera caravana. Nueva York no ha vacilado en exponer su famosísimo dromedario blanco.
Por lo que toca a la aguja, Arpad Niklaus se muestra muy orgulloso, y la considera piedra angular de la experiencia. No es una aguja cualquiera, sino un maravilloso objeto dado a luz por su laborioso talento. A primera vista podría ser confundida con una aguja común y corriente. La señora Niklaus, dando muestra de fino humor, se complace en zurcir con ella la ropa de su marido. Pero su valor es infinito. Está hecha de un portentoso metal todavía no clasificado, cuyo símbolo químico, apenas insinuado por Niklaus, parece dar a entender que se trata de un cuerpo compuesto exclusivamente de isótopos de níkel. Esta sustancia misteriosa ha dado mucho que pensar a los hombres de ciencia. No ha faltado quien sostenga la hipótesis risible de un osmio sintético o de un molibdeno aberrante, o quien se atreva a proclamar públicamente las palabras de un profesor envidioso que aseguró haber reconocido el metal de Niklaus bajo la forma de pequeñísimos grumos cristalinos enquistados en densas masas de siderita. Lo que se sabe a ciencia cierta es que la aguja de Niklaus puede resistir la fricción de un chorro de electrones a velocidad ultracósmica.
En una de esas explicaciones tan gratas a los abstrusos matemáticos, el profesor Niklaus compara el camello en tránsito con un hilo de araña. Nos dice que si aprovecháramos ese hilo para tejer una tela, nos haría falta todo el espacio sideral para extenderla, y que las estrellas visibles e invisibles quedarían allí prendidas como briznas de rocío. La madeja en cuestión mide millones de años luz, y Niklaus ofrece devanarla en unos tres quintos de segundo.
Como puede verse, el proyecto es del todo viable y hasta diríamos que peca de científico. Cuenta ya con la simpatía y el apoyo moral (todavía no confirmado oficialmente) de la Liga Interplanetaria que preside en Londres el eminente Olaf Stapledon.
En vista de la natural expectación y ansiedad que ha provocado en todas partes la oferta de Niklaus, el comité manifiesta un especial interés llamando la atención de todos los poderosos de la tierra, a fin de que no se dejen sorprender por los charlatanes que están pasando camellos muertos a través de sutiles orificios. Estos individuos, que no titubean en llamarse hombres de ciencia, son simples estafadores a caza de esperanzados incautos. Proceden de un modo sumamente vulgar, disolviendo el camello en soluciones cada vez más ligeras de ácido sulfúrico. Luego destilan el líquido por el ojo de la aguja, mediante una clepsidra de vapor, y creen haber realizado el milagro. Como puede verse, el experimento es inútil y de nada sirve financiarlo. El camello debe estar vivo antes y después del imposible traslado.
En vez de derretir toneladas de cirios y de gastar dinero en indescifrables obras de caridad, las personas interesadas en la vida eterna que posean un capital estorboso, deben patrocinar la desintegración del camello, que es científica, vistosa y en último término lucrativa. Hablar de generosidad en un caso semejante resulta del todo innecesario. Hay que cerrar los ojos y abrir la bolsa con amplitud, a sabiendas de que todos los gastos serán cubiertos a prorrata. El premio será igual para todos los contribuyentes: lo que urge es aproximar lo más que sea posible la fecha de entrega.
El monto del capital necesario no podrá ser conocido hasta el imprevisible final, y el profesor Niklaus, con toda honestidad, se niega a trabajar con un presupuesto que no sea fundamentalmente elástico. Los suscriptores deben cubrir con paciencia y durante años, sus cuotas de inversión. Hay necesidad de contratar millares de técnicos, gerentes y obreros. Deben fundarse subcomités regionales y nacionales. Y el estatuto de un colegio de sucesores del profesor Niklaus, no tan sólo debe ser previsto, sino presupuesto en detalle, ya que la tentativa puede extenderse razonablemente durante varias generaciones. A este respecto no está de más señalar la edad provecta del sabio Niklaus.
Como todos los propósitos humanos, el experimento Niklaus ofrece dos probables resultados: el fracaso y el éxito. Además de simplificar el problema de la salvación personal, el éxito de Niklaus convertirá a los empresarios de tan mística experiencia en accionistas de una fabulosa compañía de transportes. Será muy fácil desarrollar la desintegración de los seres humanos de un modo práctico y económico. Los hombres del mañana viajarán a través de grandes distancias, en un instante y sin peligro, disueltos en ráfagas electrónicas.
Pero la posibilidad de un fracaso es todavía más halagadora. Si Arpad Niklaus es un fabricante de quimeras y a su muerte le sigue toda una estirpe de impostores, su obra humanitaria no hará sino aumentar en grandeza, como una progresión geométrica, o como el tejido de pollo cultivado por Carrel. Nada impedirá que pase a la historia como el glorioso fundador de la desintegración universal de capitales. Y los ricos, empobrecidos en serie por las agotadoras inversiones, entrarán fácilmente al reino de los cielos por la puerta estrecha (el ojo de la aguja), aunque el camello no pase.
FIN
Desprendido de un grupo de sabios mortíferos, de esos que manipulan el uranio, el cobalto y el hidrógeno, Arpad Niklaus deriva sus investigaciones actuales a un fin caritativo y radicalmente humanitario: la salvación del alma de los ricos. Propone un plan científico para desintegrar un camello y hacerlo que pase en chorro de electrones por el ojo de una aguja. Un aparato receptor (muy semejante en principio a la pantalla de televisión) organizará los electrones en átomos, los átomos en moléculas y las moléculas en células, reconstruyendo inmediatamente el camello según su esquema primitivo. Niklaus ya logró cambiar de sitio, sin tocarla, una gota de agua pesada. También ha podido evaluar, hasta donde lo permite la discreción de la materia, la energía cuántica que dispara una pezuña de camello. Nos parece inútil abrumar aquí al lector con esa cifra astronómica.
La única dificultad seria en que tropieza el profesor Niklaus es la carencia de una planta atómica propia. Tales instalaciones, extensas como ciudades, son increíblemente caras. Pero un comité especial se ocupa ya en solventar el problema económico mediante una colecta universal. Las primeras aportaciones, todavía un poco tímidas, sirven para costear la edición de millares de folletos, bonos y prospectos explicativos, así como para asegurar al profesor Niklaus el modesto salario que le permite proseguir sus cálculos e investigaciones teóricas, en tanto se edifican los inmensos laboratorios.
En la hora presente, el comité sólo cuenta con el camello y la aguja. Como las sociedades protectoras de animales aprueban el proyecto, que es inofensivo y hasta saludable para cualquier camello (Niklaus habla de una probable regeneración de todas las células), los parques zoológicos del país han ofrecido una verdadera caravana. Nueva York no ha vacilado en exponer su famosísimo dromedario blanco.
Por lo que toca a la aguja, Arpad Niklaus se muestra muy orgulloso, y la considera piedra angular de la experiencia. No es una aguja cualquiera, sino un maravilloso objeto dado a luz por su laborioso talento. A primera vista podría ser confundida con una aguja común y corriente. La señora Niklaus, dando muestra de fino humor, se complace en zurcir con ella la ropa de su marido. Pero su valor es infinito. Está hecha de un portentoso metal todavía no clasificado, cuyo símbolo químico, apenas insinuado por Niklaus, parece dar a entender que se trata de un cuerpo compuesto exclusivamente de isótopos de níkel. Esta sustancia misteriosa ha dado mucho que pensar a los hombres de ciencia. No ha faltado quien sostenga la hipótesis risible de un osmio sintético o de un molibdeno aberrante, o quien se atreva a proclamar públicamente las palabras de un profesor envidioso que aseguró haber reconocido el metal de Niklaus bajo la forma de pequeñísimos grumos cristalinos enquistados en densas masas de siderita. Lo que se sabe a ciencia cierta es que la aguja de Niklaus puede resistir la fricción de un chorro de electrones a velocidad ultracósmica.
En una de esas explicaciones tan gratas a los abstrusos matemáticos, el profesor Niklaus compara el camello en tránsito con un hilo de araña. Nos dice que si aprovecháramos ese hilo para tejer una tela, nos haría falta todo el espacio sideral para extenderla, y que las estrellas visibles e invisibles quedarían allí prendidas como briznas de rocío. La madeja en cuestión mide millones de años luz, y Niklaus ofrece devanarla en unos tres quintos de segundo.
Como puede verse, el proyecto es del todo viable y hasta diríamos que peca de científico. Cuenta ya con la simpatía y el apoyo moral (todavía no confirmado oficialmente) de la Liga Interplanetaria que preside en Londres el eminente Olaf Stapledon.
En vista de la natural expectación y ansiedad que ha provocado en todas partes la oferta de Niklaus, el comité manifiesta un especial interés llamando la atención de todos los poderosos de la tierra, a fin de que no se dejen sorprender por los charlatanes que están pasando camellos muertos a través de sutiles orificios. Estos individuos, que no titubean en llamarse hombres de ciencia, son simples estafadores a caza de esperanzados incautos. Proceden de un modo sumamente vulgar, disolviendo el camello en soluciones cada vez más ligeras de ácido sulfúrico. Luego destilan el líquido por el ojo de la aguja, mediante una clepsidra de vapor, y creen haber realizado el milagro. Como puede verse, el experimento es inútil y de nada sirve financiarlo. El camello debe estar vivo antes y después del imposible traslado.
En vez de derretir toneladas de cirios y de gastar dinero en indescifrables obras de caridad, las personas interesadas en la vida eterna que posean un capital estorboso, deben patrocinar la desintegración del camello, que es científica, vistosa y en último término lucrativa. Hablar de generosidad en un caso semejante resulta del todo innecesario. Hay que cerrar los ojos y abrir la bolsa con amplitud, a sabiendas de que todos los gastos serán cubiertos a prorrata. El premio será igual para todos los contribuyentes: lo que urge es aproximar lo más que sea posible la fecha de entrega.
El monto del capital necesario no podrá ser conocido hasta el imprevisible final, y el profesor Niklaus, con toda honestidad, se niega a trabajar con un presupuesto que no sea fundamentalmente elástico. Los suscriptores deben cubrir con paciencia y durante años, sus cuotas de inversión. Hay necesidad de contratar millares de técnicos, gerentes y obreros. Deben fundarse subcomités regionales y nacionales. Y el estatuto de un colegio de sucesores del profesor Niklaus, no tan sólo debe ser previsto, sino presupuesto en detalle, ya que la tentativa puede extenderse razonablemente durante varias generaciones. A este respecto no está de más señalar la edad provecta del sabio Niklaus.
Como todos los propósitos humanos, el experimento Niklaus ofrece dos probables resultados: el fracaso y el éxito. Además de simplificar el problema de la salvación personal, el éxito de Niklaus convertirá a los empresarios de tan mística experiencia en accionistas de una fabulosa compañía de transportes. Será muy fácil desarrollar la desintegración de los seres humanos de un modo práctico y económico. Los hombres del mañana viajarán a través de grandes distancias, en un instante y sin peligro, disueltos en ráfagas electrónicas.
Pero la posibilidad de un fracaso es todavía más halagadora. Si Arpad Niklaus es un fabricante de quimeras y a su muerte le sigue toda una estirpe de impostores, su obra humanitaria no hará sino aumentar en grandeza, como una progresión geométrica, o como el tejido de pollo cultivado por Carrel. Nada impedirá que pase a la historia como el glorioso fundador de la desintegración universal de capitales. Y los ricos, empobrecidos en serie por las agotadoras inversiones, entrarán fácilmente al reino de los cielos por la puerta estrecha (el ojo de la aguja), aunque el camello no pase.
FIN
lunes, 5 de enero de 2009
Alejandro Magno

A su modo y de acuerdo a su tiempo soñó con que Asia y Europa fueran una, con un mundo sembrado de Alejandrías habitadas por hombres libres...
"As the years decline and the memories stale, and all your great victories fade, it will always be remembered that you left your king in Asia!"
Alejandro hablándole a sus tropas que insistían/añoraban volver a casa...
lunes, 1 de septiembre de 2008
Tomando café con Ortega...
Vaya sueño bizarro el de anoche.
Después de haber llegado a cierto lugar en una camioneta/van de copiloto con quién sabe quién, y donde el agua nos llegaba a la cintura, o sea, como que atravezabamos un lago o mejor dicho, una inundación, me encontré solo al lado de mi abuelo materno a la entrada de una calle de siniestro aspecto... en España.
Me dijo mi abuelo solemnemente: "No me place hacerlo mucho, pero es dolorosamente necesario". Algo así. Se refería a caminar por esa callejuela, típica de ciudades europeas: Cerrada, con casas viejas a lo largo de ambos lados, con ventanas y puertas abiertas donde se podían percibir las voces y el barullo de sus ocupantes, y los olores de las comidas rancias o que en su momento preparaban. En una casa en particular se encontraba una muchacha hablando con un niño, recuerdo vívidamente el acento de ambos, y la mirada semi coqueta y sonrisita arrogante de la muchacha cuando se dió cuenta que yo la admiraba desde lejos, como diciendo: "Agasajate majo, que esta hembra nunca será para ti". Y es que aparte en el sueño yo tenia unos 8 o 10 años más o menos, los mismos que cuando mi abuelo me llevaba a visitar los museos y los murales de José Clemente Orozco en Guadalajara.
Comenzamos a caminar por la calle resueltos entonces enfocados en lo que se encontraba al final de esta, a saber, una especie de taverna o lugar de tascas o algo por el estilo. Antes de entrar finalmente al lugar ese pasamos junto a un hombre imponente de apariencia gringa o inglés, un anglo pues, malencarado, alto y obviamente de extracto criminal. Nos miró de arriba a abajo como dándonos el visto bueno y antes de darnos el paso nos saludo con la cabeza ligeramente, a lo cual estoicos y (según yo al menos) despreocupados respondimos igual mi abuelo y yo. Entrando nos dirijimos a la barra donde mi abuelo me decía entre dientes que decir, que pedir, y cuando mejor callar. Un momento, ¿no era eso un reflejo/recuerdo de cuando nos acostabamos ambos en las mesas/camas de madera admirando los murales de Orozco en las bóvedas del Instituto Cultural Cabañas en Guadalajara? Anyway, era obvio que el sabía como comportarse y que se trataba de que yo no pareciera tan novato. Me dice entonces de repente agachandose hacia mi e igualmente entre dientes:
"Mira, ahí está Ortega..
"Sorbiendo mi café con aire de disimulo, le pregunto: "¿Dónde?" "Aquí, en la mesa a mi izquierda, revisando una caja de sus pruebas". Me contesta todavía entre dientes. Volteo y miro que efectivamente según mi sueño, ahí se encontraba "Ortega" revisando sus pruebas, pero ¿qué no son los fotografos los que trabajan con pruebas no los pintores? A "Ortega" sin embargo parecía no importarle, y con cara seria, revisaba cada una de las exposiciones contra luz, además, ¿no he dicho que este era un sueño particularmente bizarro? ¿Y quién demonios es Ortega para empezar? ¿Ortega y Gasset? Si las pruebas que estaba revisando claramente eran de fotografías de pinturas de José Clemente Orozco, hasta un novato como yo en el sueño podía darse cuenta de inmediato. ¿Pero por qué dijo Ortega entonces? ¿Y por qué yo entendía de quién estaba hablando en realidad? Pero... ¿eh? ¿Qué el Ortega sentado en la mesa no era en realidad mi abuelo cuando era joven?
Claro que era él. Su figura estilizada no dejaba duda alguna. Sus rasgos de su cara, su ceja prolongada y elegante, su piel oscura, su espalda amplia y atlética que según dicen algunos en mi familia, yo "heredé" de él, pues mi padre era más bien obeso/corpulento y mi madre menudita.
Pero lo verdaderamente interesante era que "Ortega" no era un persona en realidad sino una caricatura, un dibujo, una acuarela, o una mezcla de las tres, que de manera por demás bizarra y surrealista interactuaba entre los mortales de carne y hueso sin que nadie en la taverna pareciera darse cuenta o importarle, y recordandome a mi particularmente los misteriosos laberintos de la fascinante mente humana.
Pero... ¿Por qué y cómo se llega a desarrollar un sueño como este? ¿Qué podría revelar sobre mi personalidad, mis recuerdos, mis temores y mis más intimos anhelos?
Después de haber llegado a cierto lugar en una camioneta/van de copiloto con quién sabe quién, y donde el agua nos llegaba a la cintura, o sea, como que atravezabamos un lago o mejor dicho, una inundación, me encontré solo al lado de mi abuelo materno a la entrada de una calle de siniestro aspecto... en España.
Me dijo mi abuelo solemnemente: "No me place hacerlo mucho, pero es dolorosamente necesario". Algo así. Se refería a caminar por esa callejuela, típica de ciudades europeas: Cerrada, con casas viejas a lo largo de ambos lados, con ventanas y puertas abiertas donde se podían percibir las voces y el barullo de sus ocupantes, y los olores de las comidas rancias o que en su momento preparaban. En una casa en particular se encontraba una muchacha hablando con un niño, recuerdo vívidamente el acento de ambos, y la mirada semi coqueta y sonrisita arrogante de la muchacha cuando se dió cuenta que yo la admiraba desde lejos, como diciendo: "Agasajate majo, que esta hembra nunca será para ti". Y es que aparte en el sueño yo tenia unos 8 o 10 años más o menos, los mismos que cuando mi abuelo me llevaba a visitar los museos y los murales de José Clemente Orozco en Guadalajara.
Comenzamos a caminar por la calle resueltos entonces enfocados en lo que se encontraba al final de esta, a saber, una especie de taverna o lugar de tascas o algo por el estilo. Antes de entrar finalmente al lugar ese pasamos junto a un hombre imponente de apariencia gringa o inglés, un anglo pues, malencarado, alto y obviamente de extracto criminal. Nos miró de arriba a abajo como dándonos el visto bueno y antes de darnos el paso nos saludo con la cabeza ligeramente, a lo cual estoicos y (según yo al menos) despreocupados respondimos igual mi abuelo y yo. Entrando nos dirijimos a la barra donde mi abuelo me decía entre dientes que decir, que pedir, y cuando mejor callar. Un momento, ¿no era eso un reflejo/recuerdo de cuando nos acostabamos ambos en las mesas/camas de madera admirando los murales de Orozco en las bóvedas del Instituto Cultural Cabañas en Guadalajara? Anyway, era obvio que el sabía como comportarse y que se trataba de que yo no pareciera tan novato. Me dice entonces de repente agachandose hacia mi e igualmente entre dientes:
"Mira, ahí está Ortega..
"Sorbiendo mi café con aire de disimulo, le pregunto: "¿Dónde?" "Aquí, en la mesa a mi izquierda, revisando una caja de sus pruebas". Me contesta todavía entre dientes. Volteo y miro que efectivamente según mi sueño, ahí se encontraba "Ortega" revisando sus pruebas, pero ¿qué no son los fotografos los que trabajan con pruebas no los pintores? A "Ortega" sin embargo parecía no importarle, y con cara seria, revisaba cada una de las exposiciones contra luz, además, ¿no he dicho que este era un sueño particularmente bizarro? ¿Y quién demonios es Ortega para empezar? ¿Ortega y Gasset? Si las pruebas que estaba revisando claramente eran de fotografías de pinturas de José Clemente Orozco, hasta un novato como yo en el sueño podía darse cuenta de inmediato. ¿Pero por qué dijo Ortega entonces? ¿Y por qué yo entendía de quién estaba hablando en realidad? Pero... ¿eh? ¿Qué el Ortega sentado en la mesa no era en realidad mi abuelo cuando era joven?
Claro que era él. Su figura estilizada no dejaba duda alguna. Sus rasgos de su cara, su ceja prolongada y elegante, su piel oscura, su espalda amplia y atlética que según dicen algunos en mi familia, yo "heredé" de él, pues mi padre era más bien obeso/corpulento y mi madre menudita.
Pero lo verdaderamente interesante era que "Ortega" no era un persona en realidad sino una caricatura, un dibujo, una acuarela, o una mezcla de las tres, que de manera por demás bizarra y surrealista interactuaba entre los mortales de carne y hueso sin que nadie en la taverna pareciera darse cuenta o importarle, y recordandome a mi particularmente los misteriosos laberintos de la fascinante mente humana.
Pero... ¿Por qué y cómo se llega a desarrollar un sueño como este? ¿Qué podría revelar sobre mi personalidad, mis recuerdos, mis temores y mis más intimos anhelos?
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